martes, 29 de diciembre de 2015

Despedidas


Antes de que acabe el año quiero dedicar una pequeña despedida a todos los gatitos que formaron parte de mi vida pero que tristemente ya no estarán al año que viene.


Macho callejero, no tenía nombre, lo conocíamos con el mote de "el jefe", porque era el gato más viejo y mandón del barrio. Era muy anciano y al principio esquivo, con los años acabó amansándose y viniendo todos los días a pedir comida, incluso se dejaba tocar. Era muy amigo de mis gatos. Creemos que murió a principios de verano durante una epidemia de panleucopenia.




Gris, gato que andaba por el barrio, alguna vez lo ví merodeando por mi tejado pero nunca se acercó, por eso me impresionó mucho que cuando se sintió enfermo apareciera detrás de mi puerta pidiendo ayuda, era muy bueno y se dejó tratar, por desgracia era doble positivo y no pudo superar la panleucopenia.



Balú, hacía un año que lo conocía. Cuando era pequeño lo cuidaba una señora del barrio, al fallecer su protectora Balú se vino a mi terraza a pedir comida. Era muy jovencito y alegre, también se vió afectado por la epidemia. 

También murió un compañero suyo blanquinegro del que no tengo fotos, Chaplin.




Dani, apareció en la calle siendo muy pequeño, siempre se iba detrás de todo el mundo, algunas personas lo agredieron, por lo que hubo que sacarlo de la calle. Era positivo a leucemia felina y por eso nunca fué adoptado. Fué un gatito cariñoso y feliz hasta que desarrolló síntomas de su enfermedad y murió por problemas hepáticos.





Finalmente, un recuerdo muy especial para Renato.


Lo dejaron hace dos años en una colonia donde suelen abandonar muchos gatos caseros. Era viejito, sin dientes y muy pequeño de tamaño, sin embargo consiguió sobrevivir a la dureza de la vida en la calle. Era muy alegre y cariñoso y se ganó la simpatía de todo el mundo. Pero no fué sino gracias a una maravillosa familia asturiana que tuvo la oportunidad de cambiar su vida y acabar sus días rodeado de cuidados y cariño.

Este mes Renato se fué porque era muy anciano y tenía algunos problemas de salud, nos hubiera gustado que hubiera podido disfrutar unos años más de la lotería que le tocó al final de su vida y que su familia lo hubiera podido tener más tiempo a su lado.

Aunque haya sido por poco tiempo Renato supo dar y recibir mucho cariño y dejó un bonito recuerdo en todos los que lo conocimos. Mucho ánimo a su familia.









miércoles, 23 de diciembre de 2015

El Gato que Caminaba Solo




Sucedieron estos hechos que voy a contarte, oh, querido mío, cuando los animales domésticos eran salvajes. El Perro era salvaje, como lo eran también el Caballo, la Vaca, la Oveja y el Cerdo, tan salvajes como pueda imaginarse, y vagaban por la húmeda y salvaje espesura en compañía de sus salvajes parientes; pero el más salvaje de todos los animales salvajes era el Gato. El Gato caminaba solo y no le importaba estar aquí o allá.
También el Hombre era salvaje, claro está. Era terriblemente salvaje. No comenzó a domesticarse hasta que conoció a la Mujer y ella repudió su montaraz modo de vida.
La Mujer escogió para dormir una bonita cueva sin humedades en lugar de un montón de hojas mojadas, y esparció arena limpia sobre el suelo, encendió un buen fuego de leña al fondo de la cueva y colgó una piel de Caballo Salvaje, con la cola hacia abajo, sobre la entrada; después dijo:
– Límpiate los pies antes de entrar; de ahora en adelante tendremos un hogar.
Esa noche, querido mío, comieron Cordero Salvaje asado sobre piedras calientes y sazonado con ajo y pimienta silvestres, y Pato Salvaje relleno de arroz silvestre, y alholva y cilantro silvestres, y tuétano de Buey Salvaje, y cerezas y granadillas silvestres. Luego, cuando el Hombre se durmió más feliz que un niño delante de la hoguera, la Mujer se sentó a cardar lana.
Cogió un hueso del hombro de cordero, la gran paletilla plana, contempló los portentosos signos que había en él, arrojó más leña al fuego e hizo un conjuro, el primer Conjuro Cantado del mundo.
En la húmeda y salvaje espesura, los animales salvajes se congregaron en un lugar desde donde se alcanzaba a divisar desde muy lejos la luz del fuego y se preguntaron qué podría significar aquello.
Entonces Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:
– Oh, amigos y enemigos míos, ¿por qué han hecho esa luz tan grande el Hombre y la Mujer en esa enorme cueva? ¿cómo nos perjudicará a nosotros?
Perro Salvaje alzó el morro, olfateó el aroma del asado de cordero y dijo:
– Voy a ir allí, observaré todo y me enteraré de lo que sucede, y me quedaré, porque creo que es algo bueno. Acompáñame, Gato.
– ¡ Ni hablar! -replicó el Gato-. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.
Entonces nunca volveremos a ser amigos -apostilló Perro Salvaje, y se marchó trotando hacia la cueva.
Pero cuando el Perro se hubo alejado un corto trecho, el Gato se dijo a sí mismo:
– Si no me importa estar aquí o allá, ¿por qué no he de ir allí para observarlo todo y enterarme de lo que sucede y después marcharme?
De manera que siguió al Perro con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.
Cuando Perro Salvaje llegó a la boca de la cueva, levantó ligeramente la piel de Caballo con el morro y husmeó el maravilloso olor del cordero asado.
La Mujer lo oyó, se rió y dijo:

– Aquí llega la primera criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?
– Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo, ¿qué es eso que tan buen aroma desprende en la salvaje espesura? -preguntó Perro Salvaje.
Entonces la Mujer cogió un hueso de cordero asado y se lo arrojó a Perro Salvaje diciendo:
– Criatura salvaje de la salvaje espesura, si ayudas a mi Hombre a cazar de día y a vigilar esta cueva de noche, te daré tantos huesos asados como quieras.
– ¡Ah! -exclamó el Gato al oírla-, esta Mujer es muy sabia, pero no tan sabia como yo.
Perro Salvaje entró a rastras en la cueva, recostó la cabeza en el regazo de la Mujer y dijo:
– Oh, amiga mía y esposa de mi amigo, ayudaré a tu Hombre a cazar durante el día y de noche vigilaré vuestra cueva.
– ¡Ah! -repitió el Gato, que seguía escuchando-, este Perro es un verdadero estúpido.
Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad. Pero no le contó nada a nadie.
Al despertar por la mañana, el Hombre exclamó:
– ¿Qué hace aquí Perro Salvaje?
– Ya no se llama Perro Salvaje -lo corrigió la Mujer-, sino Primer Amigo, porque va a ser nuestro amigo por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando salgas de caza.
La noche siguiente la Mujer cortó grandes brazadas de hierba fresca de los prados y las secó junto al fuego, de manera que olieran como heno recién segado; luego tomó asiento a la entrada de la cueva y trenzó una soga con una piel de caballo; después se quedó mirando el hueso de hombro de cordero, la enorme paletilla, e hizo un conjuro, el segundo Conjuro Cantado del mundo.
En la salvaje espesura, los animales salvajes se preguntaban qué le habría ocurrido a Perro Salvaje. Finalmente, Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:
– Iré a ver por qué Perro Salvaje no ha regresado. Gato, acompáñame.
– ¡Ni hablar! -respondió el Gato-. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.
Sin embargo, siguió a Caballo Salvaje con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.
Cuando la Mujer oyó a Caballo Salvaje dando traspiés y tropezando con sus largas crines, se rió y dijo:
– Aquí llega la segunda criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?
– Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo -respondió Caballo Salvaje-, ¿dónde está Perro Salvaje?
La Mujer se rió, cogió la paletilla de cordero, la observó y dijo:
– Criatura salvaje de la salvaje espesura, no has venido buscando a Perro Salvaje, sino porque te ha atraído esta hierba tan rica.
Y dando traspiés y tropezando con sus largas crines, Caballo Salvaje dijo:
– Es cierto, dame de comer de esa hierba.
– Criatura salvaje de la salvaje espesura -repuso la Mujer-, inclina tu salvaje cabeza, ponte esto que te voy a dar y podrás comer esta maravillosa hierba tres veces al día.
– ¡Ah! -exclamó el Gato al oírla-, esta Mujer es muy lista, pero no tan lista como yo.
Caballo Salvaje inclinó su salvaje cabeza y la Mujer le colocó la trenzada soga de piel en torno al cuello. Caballo Salvaje relinchó a los pies de la Mujer y dijo:
– Oh, dueña mía y esposa de mi dueño, seré tu servidor a cambio de esa hierba maravillosa.
– ¡Ah! -repitió el Gato, que seguía escuchando-, ese Caballo es un verdadero estúpido.
Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad.
Cuando el Hombre y el Perro regresaron después de la caza, el Hombre preguntó:
– ¿Qué está haciendo aquí Caballo Salvaje?
– Ya no se llama Caballo Salvaje -replicó la Mujer-, sino Primer Servidor, porque nos llevará a su grupa de un lado a otro por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando vayas de caza.
Al día siguiente, manteniendo su salvaje cabeza enhiesta para que sus salvajes cuernos no se engancharan en los árboles silvestres, Vaca Salvaje se aproximó a la cueva, y el Gato la siguió y se escondió como lo había hecho en las ocasiones anteriores; y todo sucedió de la misma forma que las otras veces; y el Gato repitió las mismas cosas que había dicho antes, y cuando Vaca Salvaje prometió darle su leche a la Mujer día tras día a cambio de aquella hierba maravillosa, el Gato se alejó por la salvaje y húmeda espesura, caminando solo como era su costumbre.
Y cuando el Hombre, el Caballo y el Perro regresaron a casa después de cazar y el Hombre formuló las mismas preguntas que en las ocasiones anteriores, la Mujer dijo:
– Ya no se llama Vaca Salvaje, sino Donante de Cosas Buenas. Nos dará su leche blanca y tibia por los siglos de los siglos, y yo cuidaré de ella mientras ustedes tres salen de caza.
Al día siguiente, el Gato aguardó para ver si alguna otra criatura salvaje se dirigía a la cueva, pero como nadie se movió, el Gato fue allí solo, y vio a la Mujer ordeñando a la Vaca, y vio la luz del fuego en la cueva, y olió el aroma de la leche blanca y tibia.
– Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo -dijo el Gato-, ¿a dónde ha ido Vaca Salvaje?
La Mujer rió y respondió:
– Criatura salvaje de la salvaje espesura, regresa a los bosques de donde has venido, porque ya he trenzado mi cabello y he guardado la paletilla, y no nos hacen falta más amigos ni servidores en nuestra cueva.
– No soy un amigo ni un servidor -replicó el Gato-. Soy el Gato que camina solo y quiero entrar en tu cueva.
– ¿Por qué no viniste con Primer Amigo la primera noche? -preguntó la Mujer.
– ¿Ha estado contando chismes sobre mí Perro Salvaje? -inquirió el Gato, enfadado.
Entonces la Mujer se rió y respondió:
– Eres el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No eres un amigo ni un servidor. Tú mismo lo has dicho. Márchate y camina solo por cualquier lugar.
Fingiendo estar compungido, el Gato dijo:
– ¿Nunca podré entrar en la cueva? ¿Nunca podré sentarme junto a la cálida lumbre? ¿Nunca podré beber la leche blanca y tibia? Eres muy sabia y muy hermosa. No deberías tratar con crueldad ni siquiera a un gato.
– Que era sabia no me era desconocido, mas hasta ahora no sabía que fuera hermosa. Por eso voy a hacer un trato contigo. Si alguna vez te digo una sola palabra de alabanza, podrás entrar en la cueva.
– ¿Y si me dices dos palabras de alabanza? -preguntó el Gato.
– Nunca las diré -repuso la Mujer-, mas si te dijera dos palabras de alabanza, podrías sentarte en la cueva junto al fuego.
– ¿Y si me dijeras tres palabras? -insistió el Gato.
– Nunca las diré -replicó la Mujer-, pero si llegara a decirlas, podrías beber leche blanca y tibia tres veces al día por los siglos de los siglos.
Entonces el Gato arqueó el lomo y dijo:
– Que la cortina de la entrada de la cueva y el fuego del rincón del fondo y los cántaros de leche que hay junto al fuego recuerden lo que ha dicho mi enemiga y esposa de mi enemigo -y se alejó a través de la salvaje y húmeda espesura meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su propia y salvaje soledad
Por la noche, cuando el Hombre, el Caballo y el Perro volvieron a casa después de la caza, la Mujer no les contó el trato que había hecho, pensando que tal vez no les parecería bien.
El Gato se fue lejos, muy lejos, y se escondió en la salvaje y húmeda espesura sin más compañía que su salvaje soledad durante largo tiempo, hasta que la Mujer se olvidó de él por completo.
Sólo el Murciélago, el pequeño Murciélago Cabezabajo que colgaba del techo de la cueva sabía dónde se había escondido el Gato y todas las noches volaba hasta allí para transmitirle las últimas novedades.
Una noche el Murciélago dijo:
– Hay un Bebé en la cueva. Es una criatura recién nacida, rosada, rolliza y pequeña, y a la Mujer le gusta mucho.
– Ah -dijo el Gato, sin perderse una palabra-, pero ¿qué le gusta al Bebé?
– Al Bebé le gustan las cosas suaves que hacen cosquillas -respondió el Murciélago-. Le gustan las cosas cálidas a las que puede abrazarse para dormir. Le gusta que jueguen con él. Le gustan todas esas cosas.
– Ah -concluyó el Gato-, entonces ha llegado mi hora.
La noche siguiente, el Gato atravesó la salvaje y húmeda espesura y se ocultó muy cerca de la cueva a la espera de que amaneciera. Al alba, la mujer se afanaba en cocinar y el Bebé no cesaba de llorar ni de interrumpirla; así que lo sacó fuera de la cueva y le dio un puñado de piedrecitas para que jugara con ellas. Pero el Bebé continuó llorando.
Entonces el Gato extendió su almohadillada pata y le dio unas palmaditas en la mejilla, y el Bebé hizo gorgoritos; luego el Gato se frotó contra sus rechonchas rodillas y le hizo cosquillas con el rabo bajo la regordeta barbilla. Y el Bebé rió; al oírlo, la Mujer sonrío.
Entonces el Murciélago, el pequeño Murciélago Cabezabajo que estaba colgado a la entrada de la cueva dijo:
– Oh, anfitriona mía, esposa de mi anfitrión y madre de mi anfitrión, una criatura salvaje de la salvaje espesura está jugando con tu Bebé y lo tiene encantado.
– Loada sea esa criatura salvaje, quienquiera que sea -dijo la Mujer enderezando la espalda-, porque esta mañana he estado muy ocupada y me ha prestado un buen servicio.
En ese mismísimo instante, querido mío, la piel de caballo que estaba colgada con la cola hacia abajo a la entrada de la cueva cayó al suelo... ¡Cómo así!… porque la cortina recordaba el trato, y cuando la Mujer fue a recogerla¡hete aquí que el Gato estaba confortablemente sentado dentro de la cueva!
– Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, soy yo, porque has dicho una palabra elogiándome y ahora puedo quedarme en la cueva por los siglos de los siglos. Mas sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
Muy enfadada, la Mujer apretó los labios, cogió su rueca y comenzó a hilar.
Pero el Bebé rompió a llorar en cuanto el Gato se marchó; la Mujer no logró apaciguarlo y él no cesó de revolverse ni de patalear hasta que se le amorató el semblante.
– Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, coge una hebra del hilo que estás hilando y átala al huso, luego arrastra éste por el suelo y te enseñaré un truco que hará que tu Bebé ría tan fuerte como ahora está llorando.
– Voy a hacer lo que me aconsejas -comentó la Mujer-, porque estoy a punto de volverme loca, pero no pienso darte las gracias.
Ató la hebra al pequeño y panzudo huso y empezó a arrastrarlo por el suelo. El Gato se lanzó en su persecución, lo empujó con las patas, dio una voltereta y lo tiró hacia atrás por encima de su hombro; luego lo arrinconó entre sus patas traseras, fingió que se le escapaba y volvió a abalanzarse sobre él.
Viéndole hacer estas cosas, el Bebé terminó por reír tan fuerte como antes llorara, gateó en pos de su amigo y estuvo retozando por toda la cueva hasta que, ya fatigado, se acomodó para descabezar un sueño con el Gato en brazos.
– Ahora -dijo el Gato- le voy a cantar A Bebé una canción que lo mantendrá dormido durante una hora.
Y comenzó a ronronear subiendo y bajando el tono hasta que el Bebé se quedó profundamente dormido. contemplándolos, la Mujer sonrió y dijo:
– Has hecho una labor estupenda. No cabe duda de que eres muy listo, oh, Gato.
En ese preciso instante, querido mío, el humo de la fogata que estaba encendida al fondo de la cueva descendió desde el techo cubriéndolo todo de negros nubarrones, porque el humo recordaba el trato, y cuando se disipó, hete aquí que el Gato estaba cómodamente sentado junto al fuego.
– Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigodijo el Gato-, aquí me tienes, porque me has elogiado por segunda vez y ahora podré sentarme junto al cálido fuego del fondo de la cueva por los siglos de los siglos. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
Entonces la Mujer se enfadó mucho, muchísimo, se soltó el pelo, echó más leña al fuego, sacó la ancha paletilla de cordero y comenzó a hacer un conjuro que le impediría elogiar al Gato por tercera vez.
No fue un Conjuro Cantado, querido mío, sino un Conjuro Silencioso; y, poco a poco, en la cueva se hizo un silencio tan profundo que un Ratoncito diminuto salió sigilosamente de un rincón y echó a correr por el suelo.
– Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, ¿forma parte de tu conjuro ese Ratoncito?
– No -repuso la Mujer, y, tirando la paletilla al suelo, se encaramó a un escabel que había frente al fuego y se apresuró a recoger su melena en una trenza por miedo a que el Ratoncito trepara por ella.
– ¡Ah! -exclamó el Gato, muy atento-, entonces ¿el Ratón no me sentará mal si me lo zampo?
– No -contestó la Mujer, trenzándose el pelo-; zámpatelo ahora mismo y te quedaré eternamente agradecida.
El Gato dio un salto y cayó sobre el Ratón.
– Un millón de gracias, oh, Gato -dijo la Mujer-. Ni siquiera Primer Amigo es lo bastante rápido para atrapar Ratoncitos como tú lo has hecho. Debes de ser muy inteligente.
En ese preciso instante, querido mío, el cántaro de leche que estaba junto al fuego se partió en dos pedazos… ¿Cómo así?… porque recordaba el trato, y cuando la Mujer bajó del escabel… ¡hete aquí que el Gato estaba bebiendo a lametazos la leche blanca y tibia que quedaba en uno de los pedazos rotos!
– Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigodijo el Gato-, aquí me tienes, porque me has elogiado por tercera vez y ahora podré beber leche blanca y tibia tres veces al día por los siglos de los siglos. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
Entonces la Mujer rompió a reír, puso delante del Gato un cuenco de leche blanca y tibia y comentó:
– Oh, Gato, eres tan inteligente como un Hombre, pero recuerda que ni el Hombre ni el Perro han participado en el trato y no sé qué harán cuando regresen a casa.
– ¿Y a mi qué más me da? -exclamó el Gato-. Mientras tenga un lugar reservado junto al fuego y leche para beber tres veces al día me da igual lo que puedan hacer el Hombre o el Perro.
Aquella noche, cuando el Hombre y el Perro entraron en la cueva, la Mujer les contó de cabo a rabo la historia del acuerdo, y el Hombre dijo:
– Está bien, pero el Gato no ha llegado a ningún acuerdo conmigo ni con los Hombres cabales que me sucederán.
Se quitó las dos botas de cuero, cogió su pequeña hacha de piedra (y ya suman tres) y fue a buscar un trozo de madera y su cuchillo de hueso (y ya suman cinco), y colocando en fila todos los objetos, prosiguió:
– Ahora vamos a hacer un trato. Si cuando estás en la cueva no atrapas Ratones por los siglos de los siglos, arrojaré contra ti estos cinco objetos siempre que te vea y todos los Hombres cabales que me sucedan harán lo mismo.
– Ah -dijo la Mujer, muy atenta-. Este Gato es muy listo, pero no tan listo como mi Hombre.
El Gato contó los cinco objetos (todos parecían muy contundentes) y dijo:
– Atraparé Ratones cuando esté en la cueva por los siglos de los siglos, pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
– No será así mientras yo esté cerca -concluyó el Hombre-. Si no hubieras dicho eso, habría guardado estas cosas (por los siglos de los siglos), pero ahora voy arrojar contra ti mis dos botas y mi pequeña hacha de piedra (y ya suman tres) siempre que tropiece contigo, y lo mismo harán todos los Hombres cabales que me sucedan.
– Espera un momento -terció el Perro-, yo todavía no he llegado a un acuerdo con él -se sentó en el suelo, lanzando terribles gruñidos y enseñando los dientes, y prosiguió-: Si no te portas bien con el Bebé por los siglos de los siglos mientras yo esté en la cueva, te perseguiré hasta atraparte, y cuando te coja te morderé, y lo mismo harán todos los Perros cabales que me sucedan.
– ¡Ah! -exclamó la Mujer; que estaba escuchando-. Este Gato es muy listo, pero no es tan listo como el Perro.
El Gato contó los dientes del Perro (todos parecían muy afilados) y dijo:
– Me portaré bien con el Bebé mientras esté en la cueva por los siglos de los siglos, siempre que no me tire del rabo con demasiada fuerza. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
– No será así mientras yo esté cerca -dijo el Perro-. Si no hubieras dicho eso, habría cerrado la boca por los siglos de los siglos, pero ahora pienso perseguirte y hacerte trepar a los árboles siempre que te vea, y lo mismo harán los Perros cabales que me sucedan.
A continuación, el Hombre arrojó contra el Gato sus dos botas y su pequeña hacha de piedra (que suman tres), y el Gato salió corriendo de la cueva perseguido por el Perro, que lo obligó a trepar a un árbol; y desde entonces, querido mío, tres de cada cinco Hombres cabales siempre han arrojado objetos contra el Gato cuando se topaban con él y todos los Perros cabales lo han perseguido, obligándolo a trepar a los árboles. Pero el Gato también ha cumplido su parte del trato.
Ha matado Ratones y se ha portado bien con los Bebés mientras estaba en casa, siempre que no le tirasen del rabo con demasiada fuerza.
Pero una vez cumplidas sus obligaciones y en sus ratos libres, es el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá, y si miras por la ventana de noche lo verás meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su salvaje soledad… como siempre lo ha hecho.



 Rudyard Kipling



lunes, 7 de diciembre de 2015

Ulises

Hace dos semanas Ulises era un bultito casi invisible debajo de un árbol. Estaba helado y no se movía.


Durante muchos días no comió ni apenas hacía otra cosa que levantar un poco la cabeza.


Cuando casi habíamos perdido las esperanzas empezó a avanzar con sus patas delanteras, arrastrando el cuerpo.


Hoy casi totalmente recuperado corre y juega y es el gato más cariñoso del mundo.



La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.
Julio Cortázar



Ulises, gatito que ha sobrevivido a un atropello, en adopción en Badajoz, gatosencasa@hotmail.com




domingo, 29 de noviembre de 2015

Kora (antes Vilma)

 Vilma con su familia, gracias a las fotos que mandan podemos ver como va creciendo.





Ha hecho muy buenas migas con su hermano Morris, un gatito también adoptado



    











Ha crecido un montón desde que se fué y se la ve muy feliz  :)



lunes, 16 de noviembre de 2015

Comportamiento social de los gatos ferales




 ¿Qué son gatos ferales?

Se conoce así a los gatos que viven en libertad en entornos rurales o urbanos, suelen estar asilvestrados aunque dependen en cierto modo de los humanos para sobrevivir.

Grupo de gatos (Flickr)


 ¿Es el gato un animal social?

El término social se refiere no sólo a la pertenencia a un grupo o sociedad sino también a la necesidad que tienen sus miembros de interactuar entre sí para sobrevivir en un entorno determinado y a la importante influencia que ejerce el comportamiento de unos sobre los otros.
 El cerebro del gato está ampliamente especializado para permitir que  sobrevivan como cazadores solitarios desde edad muy temprana. Si bien los gatos suelen ser de hábitos independientes y no necesitan de la vida en grupo para su subsistencia, existen determinadas condiciones de vida en las cuales pueden adaptarse  o incluso necesitar, la convivencia en grupo estableciendo interacciones sociales entre sus miembros. Es por ello que, según las circunstancias, los gatos pueden actuar como una especie asocial, parcialmente social o incluso social.


Las colonias de gatos ferales

Los gatos tienden a formar grupos en torno a las fuentes de alimentos disponibles y solo se van a cazar por su cuenta  cuando el alimento es escaso. Los tamaños de colonias felinas son muy variables,  van de 2 a 15 individuos normalmente.
El tamaño total del grupo está determinado por la disponibilidad de las fuentes de alimento, zonas de descanso y escondites.  Cuando los gatos deben depender exclusivamente de la caza para su alimentación, los grupos tienden a ser más pequeños, cuando hay fuentes de comida cercanas las colonias felinas son más grandes.


Estructura social

Las colonias felinas suelen estar formadas por hembras de la misma familia, machos jóvenes y uno o dos machos adultos alrededor del territorio. Los machos adultos establecen su territorio y lo marcan diariamente para que otros machos no entren a reproducirse con sus hembras, y si entran es cuando se producen peleas . Algunos gatos dominantes pueden permanecer relativamente cerca de una sola colonia, mientras que otros tienen territorios de amplio alcance, que abarcan varios grupos de hembras y cachorros.


Vínculos entre los miembros del grupo

En las colonias las hembras pueden unirse para criar a los cachorros, cuidándolos y aseándolos de forma común. Las gatas en una colonia suelen unirse para repeler a otros animales, incluyendo gatos solitarios  que invaden su territorio. Con el tiempo pueden permitir a un extraño integrarse después de una serie de interacciones, pero los gatos desconocidos no pueden simplemente entrar en un territorio y esperar ser aceptados.
En ocasiones se puede observar a machos adultos colaborando en el cuidado de los cachorros.
En las colonias de gatos, los miembros de un grupo frotarán sus cuerpos unos contra otros para reforzar su identidad de grupo mediante la transferencia de olores.


Dentro de cualquier colonia, a menudo hay subgrupos de dos o más gatos que pasan mucho tiempo aseándose entre sí y manteniendo  contacto físico. Estas amistades pueden ocurrir entre dos hembras, dos machos, o una hembra y un macho. Los gatos son más propensos a convertirse en el mejor amigo de aquellos que están emparentados  con ellos, pero también se pueden formar amistades cercanas  entre individuos no relacionados.






Fuente: www.uco.es
            www.metaphoricalplatypus.com 

domingo, 18 de octubre de 2015

Mi gato Tyke

Ahí lo veo a mi gato Tyke, sentado en el césped de otoño, los ojos dorados entreabiertos, sereno, nada puede perturbarlo, ni siquiera los ladridos lejanos de los perros o la estridencia de los aviones que, arriba, dejan su estela en el vacío azulado -aviones a París y Bombay, Port Swettenham y Cádiz, pero ¿qué le importa esto a un gato? A menos, claro, que un gato español apareciera de pronto delante de él. En ese caso, lo perseguiría hasta expulsarlo del patio. Debo decir que desde que le compré a mi madre esta casita de cuatro habitaciones, el gato ha custodiado con mucho celo la entrada de intrusos, ya fueran gatos o perros, aunque permite que los pájaros (incluso las tórtolas) coman tranquilas las migas de pan que mi madre, tan buena, les deja todas las mañanas (junto con semillas para pájaros)- Tyke tiene una valla que impide la entrada de perros, pero persigue a cualquier gato que se cuele, aunque una vez un macho gris logró seguirlo no sé cómo y llegó a olfatear su entrada secreta a través de la ventanita del sótano donde mi madre improvisó una desvencijada casucha parecida a una choza de los tarahumaras en los suburbios de Ciudad Juárez -Por esa casita, Tyke se desliza silenciosamente al sótano, usa de escalera una mesa con dos cajas encima, sube y empuja con suavidad la puerta de la cocina (nunca trabada ni cerrada con llave) para maullarle a la leche y a la deliciosa comida balanceada- Este gato gris había aprendido el ardid y una noche se produjo una ruidosa pelea en la cocina -Pero aun así el gato gris entra sigilosamente, espía con los ojos verdes si todos duermen y si Tyke, el dueño, salió de putas, y en ese caso devora todo lo que puede y se va como llegó.
Suspiro al pensar que los problemas de Tyke son mucho más puros que los míos -Yo hago el equipaje y me visto para tomar un avión a Hollywood, donde tendré que aparecer en el programa de televisión de Steve Allen, que será transmitido de una costa a la otra. Voy a leer seis minutos de mi poesía y mi prosa lamentables- ¿Traga saliva Tyke porque millones de espectadores verán esa cara el lunes a la noche y pensarán todo tipo de cosas, pensamientos de cólera que no pueden ser mejores que no tener pensamiento alguno? Tyke es como ese sabio taoísta chino que se mantiene en un nivel tan bajo como el del valle porque jamás será visto alzándose encima de nada para derribar aquello sobre lo que se alza: el Rey Secreto del Valle.
Así que ahí está, el dulce Tyke, mi hermano, cruza de persa y callejero de Florida; medita en silencio, las garras plegadas, el cuerpo encorvado como un gato Buda, los ojos casi siempre cerrados, poco dispuesto a que lo perturbe mi saludo o el rugido de un avión, se queda sin más sentado en el paso bajo el sol de noviembre, habitado en cada músculo por la Sabiduría del Sagrado Egipto. -"¿Y viaja en avión a la Costa Oeste?", me pregunto. "¿Firma contratos, paga impuestos, abre los sobres de la correspondencia o lo apena el horror universal?" No. Contempla la línea del horizonte, allí donde el espacio se disuelve en el vacío que existe en el interior de él mismo y en el interior de todas las cosas - es miércoles y su novia gata en la otra punta del barrio sabe que él va a visitarla esta noche -y él, Tyke, sabe que se comerá un ratón y que el ratón lo comerá- la eternidad lo abate; la soberbia lo corroe, pero en el fondo nada le importa mucho, ja, ja. Y mañana al amanecer, cuando yo esté ya a casi 5000 kilómetros para ocuparme de mis naderías, él entrará a casa con la cola baja, y:
Roto el ayuno
el gato se ensortija
en la cuna del alba
y esto es tan evidente como el reflejo de mi nariz en el espejo del mediodía.
El gran poeta inglés Christopher Smart dijo de su gato: "Pensaré siempre en mi gato Jeoffry... es ajeno a toda destrucción si está bien alimentado, y no escupe jamás si no lo provocan... todo hogar está incompleto sin él y falta una bendición en el alma... Él sabe que Dios es su Salvador... No hay nada más dulce que su paz cuando duerme".




"Mi gato Tike" por Jack Kerouac

lunes, 28 de septiembre de 2015

La loca de la casa





Vilma, gatita muuyy lista, que salió de la cañería donde estaba escondida justo en el momento en que pasaba por al lado y se puso a gritar y a llamar la atención pidiendo ayuda.




Gracias por alegrarnos este último mes con tus acrobacias, se te va a echar de menos.




Vilma(ahora Kora) adoptada en su nueva casa

viernes, 25 de septiembre de 2015

Dos años



Renato, AKA el siamés desdentado o "la siamesita" (según Loli), disfrutando de sus dos años de adopción.

Mil gracias a su familia.

domingo, 30 de agosto de 2015

Vivian Maier: Cats On The Street

Vivian Maier, una niñera anónima que vivió durante cuatro décadas en Chicago, pasó a ser reconocida tras su muerte en 2009, por un hallazgo fortuito.

En 2007 Jhon Maloof se estaba documentando para escribir un libro sobre la historia de Chicago, por casualidad adquirió un lote de fotografías antiguas en una subasta, al revelarlas descubrieron un material de gran talento artístico, que le llevó a recopilar el trabajo disperso e investigar sobre la vida de esta misteriosa mujer.

Vivian trabajó toda su vida como niñera, compaginó su trabajo con su pasión por la fotografía. Tomaba fotos sin descanso y sin que aparentemente le importara el resultado final. Le gustaba fotografiar a la gente normal y corriente, a los niños al aire libre y a las personas marginadas o golpeadas por la vida que se encontraba a la luz del día o en oscuros callejones. Le gustaba también fotografiarse a sí misma. Su rostro y su cuerpo reflejado en espejos o escaparates.

Autorretrato con gato

En muchas ocasiones en sus fotografías aparecían gatos, como parte del mundo de la calle. Como en el resto de sus retratos, unas veces reflejados con ternura, otras como víctimas de la crueldad.


Niños jugando con gatito

Maier nunca supo de la expectación que despertó su obra ya que falleció antes de que se pudiera contactar con ella, los detalles que se conocen vienen a través de los recuerdos de personas a las que cuidó de niños.

Era socialista, feminista, crítica de cine y campechana. Aprendió inglés yendo al teatro porque le encantaba. Solía llevar chaqueta de hombre, zapatos de hombre y un sombrero grande. Estaba tomando fotografías todo el tiempo y luego no se las enseñaba a nadie



Su vida y su obra han inspirado el documental Buscando a Vivian Maier.






Para saber más: La Historia de Vivian Maier 
                           En Busca de Vivian Maier

viernes, 10 de julio de 2015

Batman Vuelve

Una entrada más abajo nos despedíamos de Batman un viejo gato callejero, pero, ¡Sorpresa ! Como dice la canción, resulta que "no estaba muerto, estaba de parranda", pero con tan mala suerte que la parranda le costó el ataque de un perro y casi la séptima de sus siete vidas. Hace más de un mes lo encontraron las personas que habitualmente cuidan su colonia, malherido y pidiendo ayuda.

Como un viejo guerrero que es, se ha recuperado estupendamente del lance, lo que pasa es que por desgracia no había ningún sitio donde dejarlo y casi tiene que volver a la calle, donde ya empieza a estar demasiado anciano para poder sobrevivir. Ha dado la casualidad que una de las mujeres que lo cuidaban cuando vivía en la colonia ha perdido a su gato de 17 años hace pocos días y ha decidido adoptar a Batman.

Le deseamos suerte en su nueva vida.



sábado, 9 de mayo de 2015

Manifiesto felino


El manifiesto felino nació el 24 de Abril en el I FORO PARLAMENTARIO FELINO.
 


  El debate en el Congreso de los Diputados permitió poner en común distintas experiencias y definir unas líneas básicas sobre las que establecer el diálogo con las administraciones. Existen poblaciones en España donde incluso se ha reconocido el estatus de los gatos callejeros y se financia, con muy buenos resultados, la esterilización de los felinos. En otros muchos lugares, el acercamiento entre gestores de colonias y responsables públicos está permitiendo avanzar en políticas que benefician tanto a los gatos como a los humanos. 

Se señaló la necesidad de diferenciar entre gato casero, los cuales se han criado con una familia humana sin la cual no saben cómo sobrevivir y el gato feral que se mantiene en un estado más salvaje para los que se debe garantizar una convivencia urbana libre, “con la limitación de la natalidad, el seguimiento de su estado de salud y el acompañamiento de personas sensibles y formadas que pueden velar tanto por los animales como por el entorno común”.

Los gatos nos acompañan desde hace 9.000 años, a pesar de lo cual no están del todo domesticados (de ahí la necesidad de distinguir entre unos y otros, y de proporcionales los cuidados que en cada caso requieren). Favorecer una buena convivencia con todos ellos es un deber ético de nuestra especie, y la mejor forma de hacerlo, en el caso de los gatos ferales, es la estrategia 'CES' (captura, esterilización y suelta), junto a la identificación y seguimiento de quienes gestionan cada colonia y la comunicación permanente con veterinarios.

Son unas medidas básicas que ciudadanos y administraciones debemos compartir, con su aplicación salvaríamos sus vidas, avanzaríamos en nuestra ética y evitaríamos la confrontación entre quienes buscamos ese objetivo y unas administraciones muchas veces ajenas incluso a su propio deber legal

Si quieres más información o unirte al manifiesto felino, puedes visitar esta página: http://manifiestofelino.blogspot.com.es/ 


            APDDA





 Entrada dedicada al recuerdo de Batman, gato de colonia recientemente desaparecido, vivió toda su vida en la calle, siempre lo recordaremos con cariño.

(buenas noticias, lo encontraron herido pero se recuperó)



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